El eco del silencio

Un monólogo sobre las heridas que callamos y la fuerza que nos despierta.

Un objeto cotidiano, silencioso y aparentemente inofensivo se convierte en el eje de este monólogo. Desde su presencia discreta, nos confronta con la rutina, la acción vacía y la mediocridad que aceptamos como destino.

En escena, la voz del protagonista desnuda las máscaras con las que habitamos la vida: la obediencia automática, la huida hacia el ruido, la sombra de nuestras huellas de abandono. Cada palabra funciona como un espejo incómodo que nos recuerda la forma en que transitamos sin habitar de verdad nuestro propio camino.

Pero este viaje no se detiene en la herida. Nos invita a desatarnos, a elegir y a reclamar el papel de protagonistas en la obra más urgente: nuestra vida. Y en el instante final, cuando todo parece perdido en la oscuridad del silencio, surge la libélula: símbolo de lo invisible, lo mágico y lo resiliente. Un recordatorio de que la transformación siempre es posible, incluso en medio del eco que parecía condenarnos.

La autenticidad no se alcanza… se recuerda

Lo que nace en lo oscuro… también puede aprender a volar

Las máscaras

Las máscaras que llevamos sin darnos cuenta

Este monólogo confronta aquello que evitamos ver:
los roles que interpretamos,
las sonrisas que esconden miedo,
los silencios que protegen heridas,
las historias que aún no nos atrevemos a contar.

Solo quien se reconoce… puede elegir con libertad

La libélula

La libélula aparece como símbolo del renacimiento:
frágil, luminosa, imposible de ignorar.

El dolor no me rompió… me reveló

El silencio también tiene imágenes

Testimonios: lo que el público ha dicho

Hay obras que no se ven… se sienten

¿Quieres llevar esta experiencia a tu teatro, empresa o ciudad?

Hablemos, estoy aquí para acompañarte